21 de septiembre de 2020
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Las islas de Ganghwa, en la frontera intercoreana, viven su verano más tenso

COREA CONFLICTO

Ganghwa (Corea del Sur), 11 ago (EFE).- Las islas surcoreanas del condado de Ganghwa, en la frontera con el Norte, han sido escenario de una persistente tensión este verano debido al envío de propaganda y arroz por activistas o la huida a nado de un desertor norcoreano.

Los casi 70.000 vecinos de estas islas, situadas a unos 30 kilómetros al noroeste de Seúl, viven en su mayoría dedicados al cultivo de arroz, a la pesca o a recibir turistas interesados en disfrutar de una escapada rural o en lanzar la caña en estas aguas del Mar Amarillo en las que abunda el jurel o la corvina.

Pero lo que se antojaba como una temporada estival más próspera de lo habitual, merced al crecimiento del turismo local que ha motivado la pandemia, está resultando ser un verano lleno de sobresaltos.

A SOLO DOS KILÓMETROS DEL ENEMIGO

Dada su cercanía con la costa norcoreana (apenas unos dos kilómetros en algunos puntos) las islas han sido elegidas en repetidas ocasiones por grupos de activistas que envían diversos bienes y panfletos a sus empobrecidos y aislados vecinos, ya sea usando globos con helio o hidrógeno o simples botellas de plástico.

Los dos que han ganado más notoriedad, especialmente en los últimos meses, son las ONG Luchadores por una Corea Libre (FFNK por sus siglas en inglés) y Keunsaem (Gran fuente) lideradas, respectivamente, por los hermanos Park Sang-hak y Park Jung-oh, ambos desertores norcoreanos.

"Al principio pensamos que el envío de botellas (que contienen arroz y biblias) era una buena idea. Pero son un problema; son pocas las que llegan finalmente hasta Corea del Norte y el resto acaban ensuciando nuestra costa", contó hoy Han Deok-ho, alcalde de la aldea de Ha-ri (isla de Seongmo) en referencia a las operaciones de Keunsaem.

A principios de junio el régimen norcoreano comenzó a condenar con dureza estos envíos y a culpabilizar al Sur, endureciendo el tono y tensando la relación entre los dos vecinos, que técnicamente aún se mantienen en guerra.

Pese a que Seúl reforzó los controles policiales en la zona para evitar nuevas remesas, Pionyang acabó volando en represalia la oficina de enlace intercoreana, situada en su territorio, dejando así la relación bilateral en su peor punto desde 2018.

YEONPYEONG, UN MAL PRECEDENTE

"Los norcoreanos comenzaron a usar los panfletos como excusa para elevar la tensión y entonces recordamos lo que sucedió en la isla de Yeonpyeong y decidimos empezar a rechazar activamente los envíos de activistas", explica Choi Min-gi, regidor de la aldea de Seokmo, también situada en la isla de Seongmo (unos 2.300 habitantes).

Choi se refiere al ataque con docenas de rondas de artillería que el ejército norcoreano acometió sobre el islote de Yeonpyeong (50 kilómetros al oeste de Seongmo) en noviembre de 2010, una acción con la que Pionyang quiso responder a unos ejercicios marítimos del Sur y que costaron la vida a dos soldados y a dos civiles surcoreanos.

El Gobierno surcoreano, acusado por algunos recientemente de minar la libertad de expresión al cortar ayudas a las ONG de los Park y dificultar sus operaciones argumentando que ponen en peligro a los vecinos de zonas como Ganghwa y vulneran lo recogido en los tratados intercoreanos sobre actividades fronterizas, contactó a Choi y Han.

El objetivo era que relatasen ante medios extranjeros las experiencias que han alterado enormemente sus vidas este verano, en el transcurso del cual también han sido testigos de la sorprendente huida a nado de un desertor norteño.

DOBLE DESERCIÓN A NADO

En la madrugada del 18 de julio, el hombre, de 24 años y apellidado Kim, logró sortear alambradas y barricadas y cruzar a nado -sin ser detectado por distintos dispositivos de vigilancia- a su país de origen desde la principal isla del condado.

Aparentemente el desertor, cuyo caso se dio a conocer después de que Pionyang lo acusara de ser la primera persona infectada por COVID-19 en su territorio, retornó a su país para no hacer frente a una acusación por violación en el Sur y lo hizo de la misma manera que había llegado en 2017: braceando a través de las aguas de Ganghwa.

"Estamos preocupados con respecto a gente cruzando esta frontera fuertemente militarizada, y de verdad esperamos que no interfiera con nuestro estilo de vida", manifestó Choi apostado junto al fondeadero de Hangpo, un popular punto para la pesca desde el que se divisa con total nitidez el litoral norcoreano.

Andrés Sánchez Braun

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