| Estudioso: Starbucks no fomenta el contacto social |
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| Miércoles 14 de Octubre de 2009 12:49 | |||
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JPAGE_CURRENT_OF_TOTAL Por KATHY MATHESONFILADELFIA (AP) — Si Bryant Simon fuese dueño de un café, no tendría servicio de Wi-Fi, que desalienta las conversaciones. Probablemente no ofrecería tazas de cartón, para llevar. Y seguramente contaría con una gran mesa redonda, llena de diarios, para estimular el intercambio de ideas. Simon, quien visitó 425 locales de Starbucks en nueve países, dice que las cafeterías de esa cadena carecen de un sentido de comunidad. A pesar de ello, le sobran los clientes. Simon, profesor de historia de la Temple University de Filadelfia, se pasó los últimos años tratando de encontrarle una explicación a este fenómeno. Y acaba de publicar un libro, "Everything but the Coffee: Learning about America from Starbucks" (Todo menos el café: Enseñanzas sobre Estados Unidos de Starbucks), que busca avivar "el debate en torno a lo que dicen de nosotros las compras que hacemos... (y) cómo el consumo da forma a nuestras vidas incluso cuando no queremos que sea así", según cuenta el autor. Starbucks, con sede en Seattle, generó 10.400 millones de dólares en el 2008. Simon arguye que el costo de un café es más alto todavía: que Starbucks se llena de dinero aprovechando la frágil cultura cívica de los estadounidenses. A diferencia de otros países, donde abundan los cafés de barrio, en Estados Unidos hay pocos sitios donde pueda reunirse la gente. El académico dice que el norteamericano entablaba conversaciones en bibliotecas, centros recreativos y parques, pero que cada vez hay menos lugares como esos disponibles porque las municipalidades no cuentan con suficientes recursos. Starbucks supuestamente llenó ese vacío, según Simon. ¿Pero, lo hizo realmente? Después de pasar hasta 15 horas semanales en distintos locales de Starbucks en los últimos años, Simon vio pocas discusiones y conversaciones espontáneas. Los sillones y mesas eran usados para reuniones programadas o por gente sola, con computadoras. "Rara vez la gente entabla conversaciones e intercambia ideas, algo crucial en la fábrica de la comunidad", afirma en su libro. Las observaciones de Simon están siendo debatidas en las aulas de las universidades. David Grazian, profesor de sociología de la Universidad de Pensilvania, usa el libro en su clase sobre cultura popular y medios de prensa. "Dado que parecemos tan dependientes de Starbucks como parte de nuestra infraestructura urbana y suburbana", dijo Grazian, "deberíamos pensar lo que significa el hecho de que una esfera pública sea reemplazada por una empresa privada". Elizabeth Shermer, profesora de historia del Claremont McKenna College, en las afueras de Los Angeles, dice que usará el libro en una clase sobre historia económica para demostrar cómo han cambiado los sitios laborales.
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