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Recuerdos de la visita de Gardel a PR

Recuerdos de la visita de Gardel a PR

Por Arturo Yépez-Pottier

Especial para EL EXPRESSO

Pregunta: ¿Sabía que en Toa Alta existe una calle Carlos Gardel?

Segunda pregunta (pero, dirigida a la generación Bad Bunny): ¿Sabes tú quién fue Carlos Gardel? Respuesta: Gardel fue un famoso cantor de tangos que se ganó el cariño de la gente aquí en nuestra Isla en abril de 1935, y que pocas semanas después perecería en un accidente de aviones en Colombia.

El 11de diciembre se celebra el Día Internacional del Tango, coincidiendo con la fecha del natalicio del artista.

Gardel fue recibido en Puerto Rico como héroe. Jamás la Isla ha vuelto a ver un recibimiento tan espectacular. Pese a lo temprano del atraque del paquebote “Coamo”, a las 6:00AM del 1 de abril, miles y miles de personas se habían congregado para recibir al gaucho cantor en el Muelle #1 de San Juan.

La Prensa se dio cita para estar presente y respondió con reportajes y artículos dignos de un héroe nacional o un dignatario extranjero. Gardel fue recibido por un comité de damas presidido por la esposa de Rafael Ramos Cobián, el empresario que lo había contratado. El teniente Wooten, Ayudante Militar del Gobernador Blanton Winship, lo invitó a que fuera a saludar al primer mandatario en el Palacio de Santa Catalina, sede del gobierno.

Dada la popularidad de Gardel, Winship quería aprovechar para retratarse con el cantor, lo que en términos periodísticos se conoce como un photo op. Winship, un militar sureño retirado, era el gobernador más impopular que había pasado por Puerto Rico, en una época en que Estados Unidos nombraba los mandatarios de la Isla.

Gardel había comenzado a querer a los puertorriqueños en Nueva York. En numerosas ocasiones éstos le confiaban la precaria situación colonial de la Isla. Y el cantor había aprendido a tener una empatía especial hacia Puerto Rico.

Siempre recuerdo un comentario que me hizo el profesor José Badillo Lausell, catedrático de la Universidad de Puerto Rico, quien al momento del arribo del cantor era un estudiante de 13 años: “Gardel nos hizo sentir orgullosos de ser latinoamericanos y puertorriqueños. Nos hizo sentir que podíamos aspirar a cosas grandes. Antes de su llegada nos habían vendido la idea de que los boricuas no valíamos nada”. A lo que se refería es que bajo la bandera norteamericana en las escuelas de la Isla se enseñaba en inglés, y había que jurar lealtad a la bandera de Estados Unidos. En vez de los natalicios de los próceres puertorriqueños obligaban a los estudiantes a celebrar sólo los de George Washington, Thomas Jefferson y Abraham Lincoln; también debían cantar solamente el himno nacional de los Estados Unidos.

CANTA A LAS MADRES

El debut de Gardel fue el 3 de abril de 1935 en el Teatro Paramount, de Santurce.

Esa noche había más gente fuera del teatro que adentro. Al escuchar el tumulto Gardel pidió que se abrieran las ventanas del camerino, a pesar de las protestas de Ramos Cobián.

Gardel apareció y se hizo un silencio total. En esos días estaba próximo a celebrarse el Día de la Madres. “Para ustedes y sus madres”, dijo, y a renglón seguido les cantó tres canciones.

Arturo Ramos Llompart, el periodista de El Mundo, que estaba en el camerino esa noche, recuerda que la multitud aplaudía a rabiar mientras coreaban el nombre del artista. “Los que fuimos testigos jamás podremos olvidarnos de ese rasgo de nobleza de un grande”, rememora el periodista.

En una entrevista que le hice a Ramos Cobián en 1962, éste me dijo que Gardel se había ganado el corazón de los puertorriqueños por sus gestos humanos y por su gran sencillez. Un ejemplo de esto fue cuando unos días antes de la llegada del astro un fotógrafo de nombre Ramón Guasch, le pidió al empresario que “le dijera a Gardel que fuera a su estudio para fotografiarlo”. Ramos Cobián, sorprendido de la audaz y arrogante presunción del sujeto, le contestó: “Mire, caballero, aún yo no conozco personalmente al Sr. Gardel ni tengo ninguna confianza con él, y además yo dudo que un artista tan grande se preste para esto”.

El impetuoso fotógrafo no se amilanó y la noche del debut se las arregló para llegar donde el artista y sin más le espetó que quería fotografiarlo y que fuera a su estudio en la Parada 20 por la mañana. En aquella época se estilaba que los estudios fotográficos exhibieran fotos de figuras de la farándula, como promoción. Ramos Cobián que, sorprendido, presenció la inaudita escena, se sorprendió aún más cuando Gardel le contestó: “Macanudo, ¿a qué hora me quiere en su estudio?”.

Efectivamente, Gardel se presentó y aquí aparece la foto que Guasch le sacó.

El día de su arribo a San Juan, se encontraba Don Carlos Conde, dueño de la Porto Rico Steamship Line, propietario de los paquebotes “Coamo”y “Borinquen”, y del Muelle número 1. Conde lo invitó a su casa a cenar. El empresario tenía dos hijas, la mayor de 21 años, María Isabel “Mayita” Conde, rubia de ojos azules, de una hermosura poco común, y Gardel quedó prendado de la belleza de Mayita. Durante su estadía en San Juan la invitaría en varias oportunidades a almorzar en La Mallorquina, el famoso restaurante sanjuanero (fundado en 1847, y uno de los más antiguos del mundo). A los dos se los veía muy acaramelados y, según recuerda Ramos Llompart, los comentarios pueblerinos eran que “Gardel iba a dejar su soltería en Puerto Rico”.

Pero, Don Carlos Conde llamó a capítulo a su hija y le dijo que, aunque encontraba a Gardel “un muchacho muy simpático”, él no quería que su hija se casara con un artista “por la vida agitada, de viaje en viaje que llevaban”.

Entrevisté a Mayita en 1972, una mujer que a los 58 años era aún de una belleza especial. Mayita, madre de un político muy prominente hoy, me confió que recibió dos cartas de Gardel desde Venezuela, pero, como era natural, al comprometerse, se deshizo de ellas.

AMORES DE ESTUDIANTE

El día de su llegada la comitiva de Gardel pasó por la ‘Central High”, la Escuela Superior de Santurce. Los estudiantes salieron a la calle a saludar al ídolo. Luis Argüelles, un gran amigo y antiguo colega del San Juan Star, recuerda que su madre Georgina Argüelles Archilla, en aquel entonces de 17 años, le contaba que ella y el resto de los alumnos le rogaron que cantara. Gardel se dio vuelta hacia su guitarrista Guillermo Barbieri y le dijo:” ¡Música maestro!”, y les cantó estrofas de “Amores de estudiante”.

Otro gesto por lo que es recordado con cariño es que después de cantar en los teatros mucha gente se quedaba afuera por no poder entrar o por no tener el dinero para la taquilla. Ante esto el cantor se los llevaba hasta la plaza del pueblo y ahí les cantaba.

Ramos Cobián recuerda que Gardel le pidió que se bajaran los precios de las taquillas. “¡Pero, Carlos,” protestó el empresario, “si en todos los teatros estamos llenos a capacidad!”. Y Gardel le respondió: “Sí, pero sé de muchos a quienes no les alcanza para comprar la taquilla.”

Gardel había visitado El Fanguito, Barrio Obrero y otros arrabales humildes y él, que recordaba sus orígenes de pobreza en el barrio El Abasto, de Buenos Aires, sabía lo que eran privaciones. Y Ramos Cobián tuvo que complacer al artista. Hay que consignar que eso afectaba el propio bolsillo de Gardel ya que él cobraba a base de los recaudos de taquilla.

Gardel llegó a adentrarse tanto en el corazón de los boricuas que se lo estaba empezando a ver como un héroe legendario. En la Prensa se lo tildaba de “El ídolo de la Raza”, parafraseando el apodo que se le había dado al patriota independentista José de Diego, a quien llamaban” El Caballero de la Raza”.

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El autor es el productor de El Tango Ayer Hoy Y Siempre, que se transmite por Radio Universidad 89.7FM todos los jueves al mediodía. Por internet: radiouniversidad.pr. Yépez-Pottier es también autor de la biografía gardeliana La Lágrima en la Garganta, en Amazon Books, 2017, y asesor especial de La Peña del Tango, de Isabela.

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