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DESDE MI GARITA

DESDE MI GARITA

Neftalí Fuster González

ESTATUS Y CULTURA

Cada vez que se habla del estatus político y la posibilidad de resolver ese problema, se levanta de nuevo la cultura, como obstáculo, como una táctica de miedo, para que no prospere.

Por lo tanto, es propio que, nuevamente, señalemos algunos datos básicos sobre nuestro destino político y nuestra forma de ser.

No hay conflicto alguno en ser americano y, a la vez, ser buen puertorriqueño. Una identidad no excluye la otra, sino que se complementan. Un ciudadano de Honolulu es a su vez natural de Hawaii y también es ciudadano americano. Lo mismo ocurre con el que es natural de San Juan, que viene a ser de Puerto Rico y a la vez, ciudadano americano.

Un jurista americano, que fue Juez Asociado del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Louis D. Brandeis, quien estaba orgulloso de su herencia judía, dijo: “América ha creído que es en la diferenciación, no en la uniformidad, donde está el camino del progreso. Y ha actuado en esa creencia, ha promovido la felicidad humana, y ha prosperado.”

Ser americano y a la vez de Puerto Rico, es nuestra realidad y nuestro futuro. Esta isla tiene su propia identidad cultural y esta orgulloso de su rica herencia. Nuestra tradición, historia, literatura, artes plásticas, música y otras expresiones artísticas son atesoradas por todos nosotros. Mientras haya uno de los nuestros con vida sobre la superficie del planeta, estará viva nuestra cultura.

Pero esa realidad no significa que no podamos ser leales ciudadanos americanos o que nos veamos como una nacionalidad separada. Los puertorriqueños sentimos orgullo por la bandera de la estrella solitaria, de la misma forma que los tejanos están orgullosos de su propia bandera con la solitaria estrella.

Aquí nos encanta el lechón asado, el arroz y habichuelas y otros platos de nuestra cocina. A la vez, hay americanos con apellidos italianos a los que le gustan la pizza, los espaguetis y los macarrones, sin que nadie cuestione la lealtad de ellos a la nación. Aquí celebramos el Dia de los Tres Santos Reyes, mientras que el Dia de San Patricio es una tradición irlandesa en la ciudad de Boston. Y tanto en Boston como en San Juan somos americanos.

Aquí denominamos a nuestros niños, usualmente, con nombres en español. El diseño de muchos edificios esta influenciado por arquitectura de estilo español.

Lo mismo ocurre en California. Pero nadie ha sugerido que California sea expulsado de la Unión por compartir muchas características culturales con la Isla del Encanto.

 Según está declarado en el Preámbulo de la Constitución de Puerto Rico consideramos como uno de los factores determinantes en nuestra vida la convivencia en esta isla de las dos grandes culturas del hemisferio americano, que se expresan en inglés y en español.

Esa es la misma creencia de nuestros conciudadanos de Texas, de Arizona, de Nuevo México, de Florida y otros Estados. Esa es la creencia de muchos americanos de diversa herencia cultural, ya sean cubanos de Florida, chinos en San Francisco, irlandeses en Nueva York, alemanes en Nebraska y muchos otros.

Esa realidad fue reconocida por el Tribunal Supremo Nacional en el caso de Miller v. California (413 US 15) del 1973: “La gente en los diferentes Estados varían en sus gustos y actitudes, y esa diversidad no habrá de ser estrangulada por el absolutismo de la uniformidad impuesta.”

La diversidad cultural es una característica que define a los Estados Unidos. Así lo reconoció el general Colin L. Powell, en su autobiografía, “My American Journey,” en la que dijo lo siguiente: “Habremos de prevalecer sobre los problemas del presente. Habremos de prevalecer porque nuestros fundadores nos legaron un sistema político genial, un sistema suficientemente flexible para todas las edades y para las nobles aspiraciones de todo tiempo. Seguiremos floreciendo porque nuestra diversa sociedad americana tiene la fortaleza, solidez y elasticidad de la planta híbrida que somos.”

CITA MEMORABLE

“La izquierda puede, finalmente, competir limpiamente y con su plataforma propia. Puede ganar elecciones y probar su merecimiento en el poder. O puede exponerse a un fracaso irreversible. El éxito o la incompetencia miran a la izquierda latinoamericana sin parpadear.” —CARLOS FUENTES, en “La Nueva Izquierda.” —El Nuevo Dia, 16 de octubre de 1993.

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