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Desde mi garita

Desde mi garita

DON PEDRO

                Este 19 de marzo es un aniversario más del natalicio de don Pedro Flores Córdova, que es una de las luminarias del firmamento musical de Puerto Rico.

                Se trata del productor de un majestuoso repertorio, que permanece a través del tiempo, enterneciendo las más delicadas fibras del sentimiento.

                Nacido en Naguabo, en 1894, era uno de doce hijos, que perdió a su padre cuando apenas tenía nueve años. Pudo estudiar y desempeñarse como maestro rural en Humacao, Yabucoa y Gurabo. Completó los requisitos que se exigían para maestro de inglés en la Escuela Normal de Río Piedras.

                Trabajó luego en una central azucarera, inspector de trenes, cobrador de impuestos, cronista deportivo en el periódico “EL Tiempo” (que dirigía el Dr. José Celso Barbosa) y secretario del Ayuntamiento de San Juan. También sirvió como oficinista en el Regimiento 375 de Infantería durante la Primera Guerra Mundial.

                Después de trabajar en el correo por unos cinco años, en 1926 se trasladó a Nueva York donde laboró en los túneles del subway y como pintor de brocha gorda. Allí conoció a Rafael Hernández, participo en conjuntos musicales y comenzó su vida de compositor.

                Entre sus primeros números están “Adelita”, “Contigo”, “Azucena” y “El Retrato”. Formó el Cuarteto Flores y más tarde otra agrupación con Moncho Usera.

                A sus composiciones siguieron muchas otras, como “La Rosa Blanca”, “Despedida”, “Amor Perdido”, “Bajo un Palmar”, “Irresistible” y “Koli Kolo”.

                Toda esa producción musical se hizo por un compositor que, como Osvaldo Farrés y Agustín Lara, no sabían leer música. Se consagró ante el público hispano, en una historia que incluye a Daniel Santos quien le grabo “Borracho no vale”, “Linda” y “Margie”.

                Sobre la obra musical de don Pedro, Gilbert Mamery señaló que su música “tiene el sabor de coco de agua de nuestros litorales y la caña de azúcar de nuestros valles.”

                Luego de una larga y fructífera vida, el artista falleció en el Hospital de Veteranos el 13 de julio de 1979, a los 85 años. Aunque ya no está físicamente con nosotros, sus melodías siguen conmoviendo nuestros sentimientos.

ABOLICION DE LA ESCLAVITUD

                Por disposición del Código Político de 1902, el 22 de marzo es día feriado en Puerto Rico. En esa fecha se conmemora la noble gesta de la abolición de la esclavitud.

                En la segunda mitad del siglo XIX el liberalismo puertorriqueño había manifestado su inconformidad con el inhumano sistema de la esclavitud. En 1866 los comisionados de la Junta de Información —que eran Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta y Francisco Mariano Quiñones—, reclamaron la abolición con indemnización o sin ella.

                En esos mismos días, don Rafael María de Labra había recomendado al gobierno de España la abolición.

                En 1869 el secretario de Estado de Estados Unidos, Hamilton Fish, manifestó su interés en que se aboliera la peculiar institución, lo que ya se había hecho en el continente. Y en 1870 don Román Baldorioty de Castro y otros diputados presentaron en las Cortes un proyecto de abolición.

                Instaurada la Primera República Española en 1872, el Ministro de Ultramar, Tomás María Mosquera García, presento el proyecto de abolición en las Cortes, en la Nochebuena de 1872. Luego de largos debates, el último día de sesiones de la Asamblea Nacional —22 de marzo de 1873— aprobándose con 214 a favor y 12 en contra.

                La noble gesta se celebró en San Juan con un Te Deum en la Catedral y una grandiosa manifestación. En el periódico El Progreso aparecieron estas palabras: “El día 22 de marzo se aprobó, pues, una fecha memorable en los fastos de la historia nacional; un día de gloria que hará imperecedera la obra de la Republica española; un día de verdadero júbilo para los habitantes de Puerto Rico.”

CITA MEMORABLE

“El discurso nacionalista inventa la pérdida de la patria para poder recobrarla, pues solo se pueden recobrar patrias que se han perdido. Y solo los nacionalistas pueden recobrar la patria perdida. De ahí que el relato nacionalista se encuentre siempre atrapado en lo que Roger Bartra llama la “jaula de la melancolía.” —Profesor Carlos Pabón, en “Nación Postmortem,” 2003, página 85.

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